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Escucha tus Talentos

La vida no es fácil. Creo que la mayoría estaremos de acuerdo en eso.

Y, sin embargo, a pesar de su complejidad, cada uno de nosotros parece haber recibido algo valioso: talentos.

 

Me gusta pensar en los talentos como esas cartas comodín que aparecen en una partida complicada. A veces tu mano no es muy buena. Pero de repente descubres que tienes algunas cartas especiales, de esas que pueden cambiar el juego. Aunque el resto de la mano no sea perfecta, esas cartas te permiten jugar de otra manera.

 

Los talentos son algo parecido.

 

Son pequeñas ventajas que la vida ha puesto en nuestras manos. No hacen que el juego sea fácil, pero nos dan posibilidades. Nos permiten afrontar los desafíos con algo que es únicamente nuestro.

 

Lo sorprendente es que muchas personas creen que no tienen ninguno.

“No tengo ningún talento”, dicen.

Y cada vez que escucho eso, me da un poco de pena, porque casi nunca es verdad.

 

Lo que suele ocurrir es que nuestros talentos son difíciles de ver para nosotros mismos.

 

Por qué es difícil reconocer nuestros talentos

La paradoja del talento es que muchas veces se siente natural.

 

Cuando algo nos resulta fácil, tendemos a pensar que es normal. Nos acostumbramos. Dejamos de prestarle atención.

¿Te ha pasado alguna vez que alguien te felicita por algo que has hecho especialmente bien y tu reacción es algo como:

“¿Eso? No es nada.”

“Es normal.”

“Cualquiera podría hacerlo.”

 

Pero lo que para ti es normal puede no serlo en absoluto.

A veces aquello que nosotros descartamos como algo obvio es precisamente lo que otros perciben como especial.

 

Cuando varias personas destacan repetidamente algo de ti —tu forma de escuchar, de explicar, de crear, de organizar, de conectar o de expresar ideas— rara vez es casualidad. A menudo es el reflejo de un talento tan integrado en quién eres que apenas lo ves.

 

Reconocerlo no tiene que ver con el ego. Tiene que ver con la conciencia.

Y curiosamente, nuestro cerebro también nos da pistas sobre dónde pueden estar escondidos esos talentos.

 

El cerebro y el estado de flow

Desde el punto de vista neurológico, los talentos suelen estar muy relacionados con lo que la psicología llama estado de flow.

 

El flow es ese estado mental en el que nos sumergimos completamente en lo que estamos haciendo. El tiempo parece desaparecer. Nuestra atención está totalmente enfocada. Todo fluye con naturalidad.

 

Muchas personas lo describen en ámbitos muy distintos: el deporte, el arte, la escritura, la enseñanza, el liderazgo o cualquier actividad creativa o profesional.

Cuando entramos en este estado, solemos sentir que estamos profundamente alineados con lo que hacemos. Como si todo encajara.

 

El flow no aparece por casualidad. Suele surgir cuando estamos utilizando capacidades que nos resultan naturales: lo suficientemente desafiantes para mantenernos comprometidos, pero no tanto como para bloquearnos.

 

Por eso el flow puede ser una pista muy valiosa para descubrir nuestros talentos.

Cuando estás haciendo algo que conecta con tus fortalezas naturales, puede que pierdas la noción del tiempo. Y cuando terminas, muchas veces te sientes con más energía que antes de empezar.

 

Ese aumento de energía es una de las señales más fiables del talento.

Los talentos suelen generar energía, no consumirla.

 

Tres formas de escuchar para descubrir tus talentos

Si a veces los talentos son difíciles de ver, la pregunta es: ¿cómo podemos descubrirlos?

 

Una forma útil es escuchar en tres direcciones: hacia el pasado, hacia el cuerpo y hacia los demás.

 

1. Escucha tu pasado

Piensa en tu infancia.

Antes de las expectativas y las presiones, ¿qué actividades te hacían sentir libre? ¿Qué hacías de forma natural cuando tenías tiempo para explorar?

Quizá te gustaba dibujar durante horas. Quizá organizar juegos, contar historias, construir cosas, hacer preguntas o ayudar a otros.

 

Pero es importante mirar más allá de la actividad en sí.

 

Si te gustaba dibujar, tal vez tu talento no era solo artístico, sino la capacidad de conectar con emociones y expresarlas. Si organizabas juegos, quizá tu talento tenía más que ver con liderar, coordinar o reunir a las personas.

 

Las actividades de la infancia suelen ser pequeñas ventanas hacia capacidades más profundas.

 

2. Escucha tu cuerpo

Nuestro cuerpo suele reconocer nuestros talentos antes que nuestra mente.

 

Cuando estamos haciendo algo que conecta con nuestras fortalezas naturales, algo cambia dentro de nosotros. Aunque la actividad requiera esfuerzo, al terminar solemos sentir más energía que antes.

 

Nos sentimos más vivos, más enfocados o más satisfechos.

La energía es una gran pista.

 

Si una actividad te deja regularmente con más energía de la que tenías al empezar, merece la pena prestar atención. Puede estar señalando un talento que quiere ser utilizado más a menudo.

 

3. Escucha a los demás

A veces los demás ven lo que nosotros no vemos.

 

Piensa en los cumplidos que recibes con frecuencia. ¿Por qué cosas te dan las gracias? ¿Qué cualidades valoran en ti?

 

Muchas personas tendemos a minimizar esos comentarios o a pensar que los demás simplemente están siendo amables.

Pero a menudo hay información valiosa en esas observaciones.

 

Si varias personas destacan la misma cualidad en ti, quizá estén viendo algo real.

 

Reconocer tus talentos no significa colocarte por encima de los demás. De hecho, suele ocurrir lo contrario: cuando empezamos a reconocer nuestras fortalezas, también nos volvemos más capaces de reconocer las de los demás.

 

El talento que nunca se utiliza

Existe una antigua historia sobre varias personas que recibieron algo valioso para administrar.

Algunos utilizaron lo que habían recibido. Lo invirtieron, trabajaron con ello y lo hicieron crecer. Con el tiempo, aquello que tenían se multiplicó.

Otro, en cambio, por miedo a perder lo que había recibido, decidió esconderlo para protegerlo.

Al final, lo que se utilizó creció. Lo que se escondió permaneció igual.

 

Nuestros talentos funcionan de una manera muy similar.

Cuando los escondemos —por miedo, por modestia o porque creemos que no tienen nada de especial— se quedan como potencial sin desarrollar.

Pero cuando los usamos, los practicamos y los compartimos, tienden a crecer.

 

Por qué importa utilizar nuestros talentos

Cuando las personas están conectadas con sus talentos, algo cambia.

Funcionan con más claridad y más motivación. Su confianza se vuelve más sólida. Y su capacidad de contribuir a los demás aumenta.

 

Descubrir y utilizar nuestros talentos no es solo un ejercicio personal. Tiene también una dimensión social.

Las personas que se sienten alineadas con lo que son tienden a presentarse de otra manera en el mundo: como profesionales, como compañeros, como líderes, como padres o como amigos.

Cuando las personas se convierten en una mejor versión de sí mismas, también mejoran los entornos que las rodean.

 

En ese sentido, conectar con nuestros talentos es un auténtico ganar-ganar.

 

Una pregunta diferente

En lugar de preguntarte si tienes talento, quizá sea más útil preguntarte:

¿Dónde me siento más vivo?

¿Cuándo pierdo la noción del tiempo?

¿Qué actividades me dan energía en lugar de quitármela?

¿Qué cualidades ven los demás en mí que yo tiendo a minimizar?

Las respuestas a estas preguntas pueden revelar algo importante.

 

No algo espectacular en el sentido de extraordinario, sino algo profundamente personal: la forma particular en que tú puedes contribuir al mundo.

 

Esos son tus talentos.

 

Y, como las cartas comodín en una partida difícil, nunca estuvieron destinados a permanecer escondidos.

 

✨ Soy Raquel, coach certificada ICF y mentora dedicada a ayudar a las personas a construir una mayor autoconciencia, un mayor bienestar mental y emocional, y una vida alineada con lo que realmente importa.


 
 
 

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Raquel Izquierdo de Santiago

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