top of page

El perfeccionismo es miedo con ropa elegante

Durante mucho tiempo creí que exigirme mucho a mí misma era una virtud.

 

Pensaba que significaba que me importaba.

Que tenía estándares.

Que era responsable, comprometida, seria.

 

Lo que no veía, al menos no al principio, era cuánta energía me estaba costando.

 

El mito de lo “perfecto”

La perfección suena tranquilizadora. Promete seguridad.

“Si es perfecto, nadie podrá criticarme. Si es perfecto, no quedaré expuesta.”

 

Pero la perfección es una ilusión.

Por mucho tiempo y cuidado que dediques a algo, nunca estará más allá de la crítica. Siempre habrá alguien que lo vea diferente, que quiera otra cosa o que señale algo que tú no viste.

 

El problema no es aspirar a la calidad.

El problema es creer que la impecabilidad es un requisito para merecer amor, reconocimiento o éxito.

 

Lo perfecto no solo compite con lo bueno.

Compite con lo posible, lo real y lo vivo.

 

Por qué el perfeccionismo nos frena antes incluso de empezar

Uno de los efectos más dolorosos del perfeccionismo no es que nos ralentice, sino que nos paraliza.

 

Lo veo una y otra vez en coaching:

personas con ideas que les importan profundamente,

proyectos llenos de sentido,

vocaciones que llaman en silencio…

 

Y, sin embargo, nada avanza.

Cuando el estándar interno es imposible, empezar parece inútil.

Si nunca será “suficientemente bueno”, ¿para qué intentarlo?

 

Lo que solemos llamar procrastinación no es pereza.

Es miedo, cuidadosamente disfrazado de altos estándares.

 

Miedo con ropa elegante

En el fondo, el perfeccionismo rara vez tiene que ver con la excelencia.

 

Tiene que ver con el miedo a ser juzgada,

a ser malinterpretada,

a confirmar una creencia antigua y conocida: “no soy suficiente”.

 

Por eso el perfeccionismo es tan engañoso.

Por fuera parece disciplina y refinamiento; por dentro va erosionando la confianza en una misma.

 

El perfeccionismo es miedo con ropa elegante: aparenta sofisticación cuando, en realidad, está aterrorizado.

 

Un patrón que veo especialmente en mujeres

Muchas mujeres con las que trabajo cargan con una regla invisible:

“No puedo mostrarme hasta estar completamente preparada.”

 

Así que esperan.

Se preparan.

Mejoran.

Se contienen.

Quieren certeza antes de actuar.

 

Mientras tanto, otras personas avanzan con una preparación parcial… y crecen haciendo. La confianza suele aparecer después del salto, no antes.

 

La verdadera alternativa no es la dejadez, sino la constancia

Si quieres una vida plena y con sentido, la elección no es entre perfeccionismo y descuido.

 

La verdadera alternativa es la constancia.

Estar presente.

Dar el siguiente paso.

Terminar.

Compartir.

Aprender.

Ajustar.

 

Llega un momento en que mejorar deja de tener que ver con la calidad y empieza a tener que ver con la protección. Y esa protección, aunque comprensible, va apagando poco a poco la alegría, la creatividad y la vitalidad.

 

Una pregunta para quedarte

Si no necesitaras ser perfecto…

  • ¿Qué empezarías?

  • ¿Qué terminarías?

  • ¿Qué te permitirías compartir?

 

No necesitas convertirte en otra persona para avanzar.

No necesitas “arreglarte”.

Muchas veces, lo que hace falta es espacio: para ver con más claridad, para aflojar el control del miedo y para reconectar con lo que de verdad es importante para ti.

 

Este es el trabajo que hago como coach:

ayudar a reconocer dónde el perfeccionismo lleva el timón —y a sustituirlo por claridad, confianza y acción coherente.

No acción perfecta.

Acción honesta.

 

Si esto resuena contigo, estaré encantada de explorarlo juntos.

 

✨ Soy Raquel, coach certificada ICF y mentora dedicada a ayudar a las personas a construir una mayor autoconciencia, un mayor bienestar mental y emocional, y una vida alineada con lo que realmente importa.


 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Contacto

Raquel Izquierdo de Santiago

+32476576007

cr=t_0,w_100.webp
rs=w_1160,h_694_editado.jpg
Suscribirse a la Newsleter

© 2024 por Compás con Raquel. Todos los derechos reservados.

bottom of page