Este verano, colecciona momentos, no lugares
- Raquel Izquierdo de Santiago
- 9 jul
- 3 min de lectura
El verano suele venir acompañado de una lista de cosas por hacer.
Lugares que visitar.
Restaurantes que probar.
Libros que leer.
Museos que descubrir.
Fotos que hacer.
Experiencias que acumular.
Y aunque no hay nada malo en ello, a veces me pregunto si nos estamos haciendo la pregunta equivocada.
En lugar de preguntarnos:
«¿Adónde quiero ir este verano?»
¿Y si nos preguntáramos:
«¿Cómo quiero sentirme?»
Porque cuando llega septiembre, rara vez recordamos todos los lugares que hemos visitado.
Pero sí recordamos cómo nos hizo sentir el verano.
Quizá este año, en lugar de hacer una lista de destinos, podríamos crear una lista de experiencias que no tienen nada que ver con la geografía.
Una lista diferente para este verano.
Una que podría ser algo así.
Este verano quiero...
Vivir sin prisas.
No porque no tenga nada que hacer, sino porque elijo no correr de un momento al siguiente.
Caminar un poco más despacio.
Salir con algo más de tiempo.
Dejar de mirar el reloj cada pocos minutos.
Recordar que la vida no es una carrera.
Reír más.
No esa sonrisa educada que mostramos en las reuniones.
Sino una risa de verdad.
De las que llegan por sorpresa.
De las que hacen que te duela la barriga.
De las que recuerdas mucho después de que el verano haya terminado.
Dormir profundamente.
No solo para dormir las horas suficientes.
Sino para despertarme descansada, en lugar de simplemente recuperándome.
Dar a mi cuerpo la oportunidad de ponerse al día después de meses haciendo, resolviendo, planificando y respondiendo.
Aburrirme de vez en cuando.
Quizá este sea el punto más difícil.
Nos hemos acostumbrado tanto a llenar cada momento vacío que el aburrimiento casi nos resulta incómodo.
Y, sin embargo, el aburrimiento crea espacio.
Espacio para la curiosidad.
Para la creatividad.
Para las ideas inesperadas.
Para simplemente observar lo que nos rodea.
Tal vez no necesitemos eliminar todos los momentos de «no hacer nada».
Tal vez necesitemos más de ellos.
Leer sin mirar el móvil.
Perderme en una historia.
Leer un capítulo más en lugar de una notificación más.
Recordar lo que se siente al prestar atención sin interrupciones.
Pasar más tiempo al aire libre.
No para completar un reto de pasos.
Ni para hacer ejercicio.
Simplemente para notar el calor del sol, el sonido de los pájaros o el olor del verano después de la lluvia.
Recordar que la naturaleza no nos pide nada, salvo estar presentes.
Tener conversaciones sin prisas.
De esas en las que nadie está mirando el reloj.
En las que los silencios no resultan incómodos.
En las que la curiosidad importa más que la eficiencia.
En las que escuchar es más importante que responder.
Descubrir qué es lo que realmente me recarga.
No lo que las redes sociales dicen que debería relajarme.
No lo que funciona para los demás.
Sino aquello que a mí me deja más tranquila.
Más ligera.
Más presente.
Porque recuperarse no significa lo mismo para todo el mundo.
Para algunas personas será caminar por la montaña.
Para otras, sentarse en un balcón con una taza de café.
Ninguna opción es mejor que la otra.
La verdadera pregunta es:
¿Qué es lo que te ayuda a volver a ti?
Una pequeña invitación
No hace falta viajar lejos para vivir un verano inolvidable.
No hace falta tachar todos los destinos de una lista.
No hace falta que cada día sea extraordinario.
Quizá baste con volver a casa sintiéndote un poco más tú que cuando te fuiste.
Así que, antes de decidir adónde vas este verano...
Dedica un momento a pensar cómo te gustaría sentirte.
Y quizá escribe tu propia lista para este verano.
No una lista de lugares.
Sino una lista de momentos.
Porque, a veces, los viajes más importantes son los que nos devuelven a nosotros mismos.
✨ Soy Raquel, coach certificada ICF y mentora dedicada a ayudar a las personas a construir una mayor autoconciencia, un mayor bienestar mental y emocional, y una vida alineada con lo que realmente importa.







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